En el corazón del municipio de Caldas, en el centro poblado de Nariño, las clases no comienzan con el timbre, sino con el ritmo contagioso de la carranga. Pedro Martín, docente de la sede primaria de la Institución Educativa Antonio Nariño, ha revolucionado la enseñanza rural al integrar la música campesina como herramienta pedagógica transversal.
A través del canto, el baile y la composición de canciones, los estudiantes aprenden matemáticas, español, ciencias naturales y sociales, educación física y conciencia ambiental. Esta metodología convierte el aula en un escenario vivo, donde la tradición cultural se convierte en vehículo de conocimiento.
Educación con identidad
“El contenido de las letras fortalece la lectura, la escritura y la expresión oral; los ritmos y compases permiten abordar conceptos matemáticos; y los temas musicales nos ayudan a reflexionar sobre el entorno social y ambiental. Además, el baile estimula la motricidad, la coordinación y el sentido de pertenencia”, explicó el profesor Martín.
Una experiencia significativa
La propuesta pedagógica no solo dinamiza el aprendizaje, sino que lo enraíza en el territorio, conectando a los niños con sus raíces campesinas y promoviendo una educación participativa y contextualizada.
Reconocimiento institucional
La Secretaría de Educación de Boyacá celebró la iniciativa como ejemplo de creatividad docente y compromiso con la calidad educativa. “Nuestros maestros son el motor del cambio. Con vocación y profesionalismo, transforman vidas y comunidades”, expresó Eddy Reyes Grisales, titular de la sectorial.
En Boyacá, la carranga no solo se canta: también se aprende.