Un niño renace entre los escombros de una vivienda en la tragedia en Paz de Río 

La tarde en Paz de Río se volvió un instante eterno cuando una tractomula, sin frenos, se precipitó sobre una vivienda del barrio El Progreso. El estruendo activó todas las alarmas, pero también despertó un acto de humanidad que marcó a un pueblo entero: el del subintendente Jeiner Custodio Cuesta, gestor de prevención y educación ciudadana de la Estación de Policía local, quien llegó al sitio sin imaginar que viviría una de las escenas más desgarradoras y, al mismo tiempo, más luminosas de su vida.

Apenas puso un pie en el terreno, la magnitud de la tragedia se impuso. Entre muros colapsados, carbón esparcido y combustible goteando de la cabina destruida, Custodio intentó primero acceder al conductor atrapado. La labor era casi imposible. Con el apoyo espontáneo de vecinos, buscó herramientas para forzar la estructura, pero entonces algo captó su atención: un pequeño pie asomaba entre los restos de la vivienda. Sin pensarlo, pidió ayuda y logró sacar al niño, aunque ya no tenía signos de vida.

El subintendente regresó al mismo punto movido por una corazonada. Esta vez creyó ver un juguete semienterrado… hasta que ese supuesto muñeco respiró profundamente. Era un bebé de 23 meses. El llanto repentino del pequeño lo estremeció. Lo tomó contra su pecho y lo subió corriendo hasta donde esperaban las ambulancias. En medio del caos, esa bocanada de vida abrió un resquicio de esperanza

Días después, cuando la familia del menor logró contactarlo, Custodio volvió a verlo: esta vez sonriente, caminando, jugando, respirando futuro. La escena lo desarmó. Porque mientras una familia lloraba la pérdida de su única hija, otra abrazaba la supervivencia milagrosa de su pequeño. Ambas, sin embargo, compartían un mismo dolor: la vivienda quedó destruida y la madre de la niña fallecida permanece hospitalizada, aferrada a un duelo impensable.

Hoy, el subintendente Custodio reconoce que aquel día lo marcó. Lleva consigo la tristeza por quienes no pudieron ser salvados, pero también la certeza de que Arturo —el bebé sobreviviente— es un símbolo de resistencia. “Es la luz que quedó en medio de tanta oscuridad”, dice. Y su mensaje para Boyacá es simple, pero profundo: incluso en las tragedias más duras, siempre puede aparecer una vida que nos recuerde que la esperanza también se abre paso entre los escombros.

Escrito por: Darío Camargo

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