Boyacá, tierra de ruanas y de ovejas, ha sido protagonista en las últimas semanas por una polémica en torno a la esquila (el corte de lana), luego de que se cuestionara públicamente si esta práctica representa maltrato animal. Desde el sector ovino, productores y artesanos aclaran que la esquila no solo es una tradición milenaria, sino también una necesidad para el bienestar de las ovejas y la base de una cadena productiva que sostiene la cultura boyacense.
José Fernando López, presidente de la cadena ovino, caprina en Boyacá, explica que el esquilado se realiza una vez al año en climas fríos y cada ocho meses en climas cálidos, con técnicas transmitidas de generación en generación. “No se trata de un maltrato, es como cortarse el cabello. Se hace con respeto y cuidado para garantizar que el animal no sufra”, afirma. El procedimiento puede hacerse de manera tradicional, con tijeras de esquilar, o con equipos mecánicos especializados. En ambos casos, se corta la lana a uno o dos centímetros de la piel, lo que evita lesiones y permite que el vellón vuelva a crecer con buena calidad.

Lejos de ser un acto de crueldad, la esquila beneficia a las ovejas. Retirar el exceso de lana ayuda a regular la temperatura corporal, prevenir el estrés por calor y disminuir riesgos de parásitos y enfermedades. Además, en etapas como el parto, facilita la higiene y la alimentación de los corderos. “Si no se esquila a tiempo, la lana acumulada puede generar incomodidades e incluso problemas de movilidad en los animales”, señala López.
Con más de 120 mil ovinos en el departamento, Boyacá es el mayor productor de lana en Colombia. La fibra que se obtiene es la materia prima de artesanos que, con manos expertas, transforman el vellón en ruanas, guantes, gorros y chalecos, prendas que son símbolo de identidad cultural. Empresas locales como Tejidos Rebancá han ganado reconocimiento nacional, como ocurrió recientemente con la ruana entregada al presidente en Sotaquirá, pieza que desató la polémica y, al mismo tiempo, visibilizó el valor patrimonial de esta tradición.
El sector ovino, caprino de Boyacá está en crecimiento. Productores, artesanos e instituciones trabajan de manera articulada en proyectos de mejoramiento genético, capacitación en bienestar animal y fortalecimiento de la economía campesina. La proyección es clara: consolidar esta cadena productiva no solo como motor económico, sino como guardiana de una tradición que combina campo, cultura y respeto por los animales. “Cada ruana que vemos en nuestras tierras cuenta una historia de trabajo, de cuidado y de amor por la oveja. Es un patrimonio vivo que debemos defender”, concluye José Fernando.
Escrito por: Carlos Fernando Rodríguez